El temprano adiós de García Castany

Pablo García Castany nació en Girona el 30 de agosto de 1948.  Se formó en las filas del F.C. Barcelona y en la temporada 1971-72 recaló en las filas del Real Zaragoza en calidad de cedido.  En dicha temporada, con el equipo en Segunda División, jugó 22 partidos y anotó 2 goles, contribuyendo con ello al ascenso del cuadro aragonés a Primera División.

En la persona de García Castany, Agustín Montal (presidente por aquél entonces del F.C. Barcelona), le hizo a su homónimo José Ángel Zalba un regalo fenomenal.  Después de tenerlo cedido al club año por dos temporadas, fue traspasado por una miseria de dinero, hecho que denota lo mucho que la simpatía de Zalba valía para estas cosas, y lo poco que el bueno de Montal servía para lo mismo.  Este gol de despacho fue, sin duda alguna, el que dio al Zaragoza la victoria más apabullante sobre el montalista club azulgrana.

Pues bien, Pablo García Castany fue noticia en marzo de 1979 tras anunciar su retirada del fútbol  con tan solo 30 años debido a una desgraciada lesión.  El diagnóstico era aterrador: rotura total de ligamento lateral interno, rotura y arrendamiento de los dos ligamentos cruzados, desinsección total del menisco lateral interno, y desinsección parcial del menisco externo. El semanario deportivo Don Balón publicaba una interesante entrevista que me gustaría compartir con vosotros para conocer un poco mejor a uno de los grandes jugadores de la historia zaragocista:

"- Mi llegada al Zaragoza puede resumirse en muy pocas palabras.  El Zaragoza había había ascendido y yo iba a cumplir allí mi servicio militar.  Zalba logró mi cesión por un año.  Al año siguiente fue renovada mi cesión y a la tercera temporada, se consumó el traspaso, creo recordar que por algo menos de medio millón de pesetas (unos 30.000 euros actuales).  Para el Zaragoza he sido rentable al máximo.  Jugué muchos partidos y le he resultado barato.

- Y cuando todos pensábamos que tu reaparición era inminente y tú supiste que, si querías volver a jugar, habías de volver al quirófano, ¿que pensaste?

- La verdad es que, todo esto, yo me lo temía.  Cabot me dijo que había un menisco no bien insertado, medio partido, y pensaba que en el tiempo de recuperación se insertaría uno nuevo.  No fue así.  Ultimamente llevaba la rodilla muy inflamada.  Paré los entrenamientos, acudí al él y me dijo que era motivado por el menisco.  La rodilla no tenía fijación para aguantar los entrenamientos.

- ¿Podríamos decir de ti que has sido un futbolista caro en lesiones?

- Creo que no.  Los seis primeros años, de los ocho que he estado en el Zaragoza, me respetaron las lesiones.  Durante cuatro años no dejé de jugar un solo partido.  Del 74 al 75 jugué todos los encuentros, desde el primer minuto hasta el último.  Mi mala suerte, en esto, arranca de los dos últimos años.  En año y medio he pasado por los quirófanos tres veces.

- Hablando de médicos y quirófanos no me parece elegante dejar de hablar del médico del Real Zaragoza, doctor Pelegrín, con quien demasiadas veces no hemos sido demasiado justos los que escribimos.  ¿qué piensas de él?

- Creo, sinceramente, que es un médico bueno y capacitado, y puedo decir, con respecto a mi última operación, que sin necesidad de una exploración a fondo, en la misma Romareda, inmediatamente de producirse mi lesión, supo diagnosticar su alcance perfectamente.  Es una gran persona y un profesional muy capacitado.  Solo puedo hablar bien de él y me alegro de que se me haga esta pregunta.

- ¿Y por qué te has negado a comparecer ante el quirófano, anunciando tu retirada del fútbol?

- No me negué, simplemente he recapacitado, he visto que no era una solución, no veía claro poder volver a jugar.  Si hubiera visto una posibilidad, por supuesto que habría acudido a la mesa de operaciones.

- ¿Y qué piensas exigir del Zaragoza para que rescinda tu contrato en vigor?

- Simplemente, nada.  Al ver que no puedo seguir entrenando, me personé ante la directiva para rescindir el contrato sin que ninguna parte saliese perjudicada.

- Pero, Pablo, es que los malpensados aseguran que jugarás el año que viene con el Gerona...

- Hombre, estas cosas no las entiendo.  Por mi cabeza no pasa ninguna posibilidad de que pueda volver a entrenar y a jugar. Ni ha pasado por mi cabeza, ni creo que se le ocurra a ningún técnico que, en tales condiciones, pueda ser útil a ningún equipo.

EL BARCELONA SE TIRÓ DE LOS PELOS

- ¿Y con quien has consultado tu decisión de retirarte del fútbol?

- Con mi mujer.  Solo ella sabe lo que he sufrido durante este tiempo y el interés que he puesto en la recuperación.  Y lo que me dolía la rodilla después de cada entrenamiento.

- ¿Por qué no triunfaste en el Barcelona?

- Esto me lo he preguntado y me lo han preguntado muchas veces.  Muchos pensaron que estaba en un error al traspasarme, y además tan barato.  Puede que no me dieran las oportunidades suficientes o que no supe aprovechar las ocasiones que me dieron.

- Alguna vez les habrá dolido dejarte ir....

- Eso seguro.  Una vez me contó un intermediario, que había estado cenando entre Zalba y y Montal, que éste le ofrecía a Zalba una cantidad importante por repescarme.

- ¿Y que recuerdas de aquella tarde que le hiciste dos goles en La Romareda a Sadurní?

- Era mi primer partido contra el Barcelona y hubo gente que pensó en mis ansias de revanchismo y de eso, nada.  Fue lo mismo que las tardes en que les hice tres goles a Iríbar o a Miguel Ángel.  Partidos que van con la suerte de cara, por otros en los que todo te sale mal.

- Y ahora que te vas del fútbol, ¿qué piensas hacer?

- Estoy a punto de terminar la carrera de abogado y pienso seguir trabajando como apoderado en el Barco Noroeste.

- De los presidentes que en Barcelona o en Zaragoza has tenido, ¿cuál te parece más interesante?

- No te puedo decir. Todos tienen el mérito de presidir un club.  Se entregan a un servicio sin salario y ponen su mejor interés.

- Sepamos cómo habría sido el Zaragoza de este año, contigo en el centro del campo.

- Difícil de responder es eso.  No se puede hablar de lo que no ha pasado.  Boskov confiaba en mi y qué duda cabe que el equipo tuvo que cubrir mi puesto ensayando mi sustitución y ha podido perjudicarle.

ARRÚA Y EL CASTANY DE LOS AÑOS 80

- Si te vas y Arrúa le dice adiós al club cuando acabe la temporada, como él mismo anuncia, ¿qué plan la aguarda a un equipo tan falto de experiencia?

- Yo pienso que Arrúa no se va a marchar.  Deben intentar que no se vaya, es un jugador importante y necesario.  Si por un jugador de menor categoría se paga tanto, el Zaragoza no debe dejar que se le escape Arrúa.

- Y en el Zaragoza, ¿quién podría ser el García Castany de los años 80?

- El tipo de ordenadores de juego, escasea, no se encuentran, no sé si porque los entrenadores no están de acuerdo con este tipo de jugador, o por qué.  Pienso que Lafita puede ser un buen jugador, aunque es una incógnita, por su juventud.  Pero yo confío mucho en él.

- Creo que en los negocios te fue fatal. ¿Falta de suerte o de condiciones para llevarlos?

- No, no me ha ido tan mal.  El dinero que gané en el fútbol, menos del que muchos creen, lo he duplicado con los negocios.  No me puedo quejar.

- ¿Y con lo de la huelga de futbolistas, no crees que os habéis pasado y qué habéis ido demasiado lejos?

- Sinceramente creo que el jugador debe reivindicar una serie de cosas.  No por los de Primera, que tienen una vida solucionada.  Pero hay que pensar en los profesionales de las categorías inferiores.  Y esto lo comprende cualquier persona razonable.

BOSKOV HUBIESE SIDO UN MAL MÉDICO

- Boskov dijo que si te hubieran tomado en serio tu recuperación y entrenamientos, ya podrías estar jugando. ¿Qué respondes a esto?

- Que sabrá mucho de fútbol, pero de medicina no tiene ni idea.  El me dijo que no me debía de haber operado, cuando mi rodilla estaba totalmente destrozada, y de no haberme operado hoy tendría que andar con muletas o en carro.  Creo que esto ya dice bastante de cuánto sabe de medicina el señor Boskov. Y hace bien poco aun me decía, recordando las cinco horas y media que estuve en el quirófano: "Esto que le pasa es por culpa suya". A lo que yo le contesté: "Usted sabrá mucho de fútbol, pero de medicina, no tiene ni idea".

- ¿Y qué piensas de Boskov, cuando en los vestuarios y ante los periodistas pone a parir a tus compañeros de equipo?

- Es un hombre que no conoce nuestras costumbres y dice las cosas tal como las siente, sin idea de perjudicar.  No estamos acostumbrados a que un entrenador diga públicamente que somos culpables de las derrotas.  Y los jugadores tampoco sabemos acoger las consecuencias cuando se nos culpa públicamente.  Todos, él y nosotros, tenemos en esto parte de culpa.

- ¿Recuerdas lo mejor que haya dicho de ti un crítico?

- Bueno, en eso he sido yo un jugador muy afortunado.  En Zaragoza se dijeron cosas formidables y, a nivel nacional, Antonio Valencia dijo de mi que debía de ser un fijo en la selección.

- ¿Se puede decir de ti que has sido un futbolista sin suerte?

- No. Trece años como profesional ya es mucha suerte haberlos vivido, a pesar de mi desgracia última.  Lo que si quisiera, si me lo permites, es despedirme, por medio de DON BALÓN de toda la afición española, después de haberlo hecho a nivel local.  En todos los campos espero que haya quedado un buen recuerdo de mi y yo recordaré, siempre, mi vida de futbolista y mis viajes por toda España, como lo más hermoso.

La despedida fue emocionante y bonita ¡Qué pena que el fútbol se haya quedado sin uno de sus profesionales más íntegros y sin un hombre que supo jugar al fútbol, como los elegidos. 

El 13 de Junio de 1979 se despidió el grandísimo centrocampista del Real Zaragoza, Pablo García Castany. Aquel día recibió el homenaje de la afición zaragocista en presencia de otros grandes jugadores como Zoco o Amancio.

Su trayectoria en el Real Zaragoza se resume en 7 temporadas (1971/1978) en las que disputó un total de 246 partidos oficiales (19.585 minutos).  Siendo centrocampista anotó una cifra considerable de goles (44), aunque bien es cierto que 14 de ellos fueron desde el punto de penalti, convirtiéndose en todo un especialista desde los once metros, ya que tan solo falló una pena máxima en sus siete temporadas como zaragocista.