Luis Cid "Carriega" ¿el mejor entrenador de la historia del Real Zaragoza? 

Temporada 1972/73.  El Real Zaragoza, recién ascendido a Primera División tras una temporada en el infierno de Segunda, comenzaba la temporada de la mano de un nuevo entrenador, el técnico gallego Luis Cid Pérez, más conocido como "Carriega". 

Nacido en Allariz (Ourense) el 9 de diciembre de 1929, fue en su época joven un delantero que no llegó a triunfar en el fútbol español.  De hecho, nunca llegó a jugar en Primera División, aunque si lo hizo en Segunda durante 8 temporadas entre 1949 y 1957.  Hizo sus primeros pinitos como futbolista, con tan solo 16 años, en el equipo de su pueblo, el Adariz C.F., donde permaneció durante 4 temporadas (1945-1949).  Sus buenas actuaciones facilitaron su fichaje por el equipo de la capital de su provincia, la U.D. Orensana, donde permaneció durante tres temporadas (1949-1952) en las que disputó 63 partidos y anotó 13 goles.  Posteriormente fichó por el Racing de Ferrol (1952-54), donde jugó otros 42 partidos en Segunda División y marcó 14 goles.  Su siguiente destino fue el Real Oviedo (1954-56), equipo en el que apenas tuvo protagonismo, jugando tan solo 11 partidos (1 gol) en esos dos años.  Su último destino en la división de plata fue el Burgos en la temporada 1956-57; en el conjunto burgalés recuperó el protagonismo y jugó los 34 partidos de Liga completos, anotando 7 goles.  Finalizó su carrera como futbolista en el Cartagena F.C. de la Tercera División española, equipo en el que militó durante otras 4 temporadas (1957-1961).

En su estancia en Burgos y Cartagena entabló gran amistad con Antonio Molinos, ilustre historiador zaragocista que por aquélla época ejercía como entrenador en los citados equipos. En su libro "Historia del Real Zaragoza C.D.", Molinos habla sobre Carriega en los siguientes términos:

"Carriega había sido jugador que tuve en el Burgos y en el Cartagena, en total unas cuatro temporadas. Me había mostrado siempre un respeto y afecto enormes. Sus compañeros censuraban a veces que fuese tan afectivo. Pero yo siempre tercié en su favor, procurando no dar trascendencia a las suspicacias. Si como jugador no llegó a ser una gran figura, como entrenador le aprecié pronto sus cualidades. Y le animé a que hiciese el curso en la Escuela de la Regional Murciana de Entrenadores de Fútbol, de la que yo era director. Realizó los cursos con aprovechamiento, y después en su vida como entrenador le ha ido magníficamente".

Tras colgar las botas como jugador, continuó su carrera como entrenador en el propio equipo murciano, que en la temporada 1961-62 pasó a denominarse Club Deportivo Cartagena por un capricho de su presidente. Durante la campaña 1961/1962, de la mano de Carriega como entrenador, el equipo es encuadrado en el grupo II de la Segunda División, finalizando la campaña en 11º lugar con 28 puntos, muy lejos de los 38 que logró el CD Málaga para disputar la fase de ascenso a Primera División, pero manteniendo un año más la categoría de plata del fútbol español. En 1963, y tras una campaña 1962/1963 desastrosa, el Cartagena vuelve a descender a Tercera División, finalizando en 13ª posición y perdiendo en la eliminatoria por la permanencia en Segunda División frente al Recreativo de Huelva.

En la temporada 1963-64, Carriega no entrena a ningún equipo y en la 64-65 requiere de sus servicios el Tarrasa F.C., de la Tercera División.  Tras su paso por el equipo egarense, se hace cargo del C.D. Europa, de la Segunda División, logrando, no sin apuros y tras jugar la promoción, la permanencia en la categoría de plata.  Allí coincidió con el guardameta Rogelio Pampols, que perteneció a la disciplina zaragocista durante tres temporadas (1958-61).

Las dos siguientes temporadas (1966/68) se hizo cargo de la Unión Popular de Langreo, que jugaba en Segunda División. En la primera de ellas, el conjunto asturiano también pasó apuros para mantener la categoría tras finalizar en decimotercera posición y tener que jugar la promoción de permanencia.  En la temporada 1967-68, pese a finalizar el Langreo en 10ª posición, una reestructuración de la Segunda División española (se pasó de dos grupos de 16 equipos cada uno a un solo grupo de 20 equipos) conllevó el descenso de los asturianos a Tercera División.

Carriega tuvo que hacer de nuevo las maletas, aunque no fue muy lejos.  Otro equipo asturiano, el Real Sporting de Gijón, se hacía con sus servicios como entrenador. Allí comenzaron los éxitos del técnico gallego.  En la primera temporada (1968/69) el Sporting finalizó la Liga de la remodelada Segunda División en 5ª posición con 42 puntos, a 8 de las posiciones de ascenso a Primera.  En la temporada 1969/70 el Sporting lograba, por fin (tras 11 temporadas consecutivas en Segunda), el ansiado ascenso a Primera División.  Y Carriega y sus muchachos lo consiguieron a falta de 5 jornadas para terminar la Liga.  Esto ocurrió el 19 de abril de 1970 (jornada 33) tras imponerse en el El Molinón a la U.D. Salamanca por 3-1. 

Carriega debutaba en Primera División con el Sporting el 13 de septiembre de 1970 frente al R.C. Celta de Vigo en Balaídos, donde los gallegos se impusieron por dos tantos a cero. A pesar de ser novato en la categoría, el equipo asturiano finalizó la Liga en 12ª posición con 25 puntos en una temporada en la que descendieron el Elche C.F. (15º con 18 puntos) y, curiosamente, el Real Zaragoza (16º con 15 puntos). 

En la temporada 1971-72, transcurría la jornada 17 (el 16 de enero de 1972) cuando el Sporting recibía al Celta en El Molinón.  Cinco minutos antes del tiempo reglamentario, los asturianos vencían por 2-0, pero Sanromán y Lezcano anotaron sendos goles a los 85 y 88 minutos que dejaron el marcador final en empate a dos.  La tensión se exteriorizó de manera virulenta en los aficionados sportinguistas en las postrimerías y a la terminación del encuentro, lo que motivó la dimisión de Carriega de su cargo de entrenador. Puede decirse que Carriega abandonó su puesto con toda dignidad y toda la crítica asturiana, por unanimidad, prodigó sus elogios hacia el técnico gallego, no solo por esa actitud del técnico sacrificándose cuando entendió que ello podía ser beneficioso, sino por la labor acertada que realizó durante casi cuatro temporadas, por su competencia profesional, por su honestidad y por su entrega al servicio de los colores rojiblancos.

Al finalizar esa misma temporada el Real Zaragoza regresaba a Primera División de la mano de Rafael Iriondo, pero el técnico vasco no continuó en el banquillo de La Romareda y fichó por la Real Sociedad.  Por ello, José Ángel Zalba, presidente zaragocista, puso sus ojos en Luis Cid Carriega, que firmó su contrato con el cuadro aragonés en junio de 1972.  Todavía se estaban realizando los festejos por el ascenso cuando el Diario Marca ya anunciaba el 3 de junio de 1972 la llegada de Carriega:

El lunes 8 de junio de 1972, Carriega firmaba su contrato con el Real Zaragoza (en un principio firmó tan solo por una temporada).  En su presentación lanzó un mensaje a los aficionados zaragocistas: "Que se den cuenta que se ha ascendido a Primera con varios chicos jóvenes y que habrá que tener paciencia, trabajando con tranquilidad y dejando hacer, sin atosigar, en la medida que corresponde a cada uno.  No vamos a ser un paquete en la Primera División, pero no pensemos tampoco que a las primeras de cambio vamos a ser campeones.  Debemos mentalizarnos para empezar con modestia y luego seguir una marcha progresiva".

Y la temporada 1972/73 no pudo comenzar mejor para el Real Zaragoza. De la mano de Carriega el cuadro aragonés permaneció invicto las siete primeras jornadas de Liga, con 3 victorias y 4 empates que le colocaban segundo en la clasificación con 10 puntos (11 goles a favor y tan solo uno en contra), tan solo superado por el F.C. Barcelona con 13 puntos.   Durante esas siete jornadas ligueras, los maños, expertamente llevados, se erigieron en esa revelación que surge siempre, aunque a la postre los equipos sorprendentes no lleguen a mayores empeños.  Se habló largo y tendido, entonces, de los aragoneses.  De su fútbol fluido, de su capacidad de aguante, de sus dotes realizadoras... Era todo aquello, por lo visto, lo que había hecho del Real Zaragoza un gallito con espolones afilados.  Un gallito que se encargó de aplacar los ánimos templados de equipos más poderosos, que aguó la fiesta a más de un "grande" y que se sujetó bien, tan bien como para merecer el difícil premio de estar en la cima, junto a los más granados clubs del país, sin ningún desdoro y con mucha gallardía.  Era aquél Zaragoza un conjunto que, en la difícil etapa de rodaje, supo aunar virtudes de forma evidente hasta llegar a codearse, sin dar codazos, que eso es otra cuestión, con lo más florido.  Y, naturalmente, la hinchada se sintió gozosa porque veía abiertas unas puertas que hasta esos momentos aparecían medio entornadas, cuando no cerradas a cal y canto.

El caso es que las batallas del momento se salvaron con peculiar estilo. Era un equipo el Zaragoza, apretado en carnes, jugoso al ataque, fácil en su realización.  Pero la Liga es muy larga para desgracia de muchos y alegría de otros y no suele ser buen síntoma empezar fuerte.  Los que lo hicieron, a menudo sufrieron después el bajón de los imprevistos, el descenso obligado porque la guerra quema mucho, porque los enemigos afilan garfios, porque los imponderables surgen por todas partes.  Vaciló el Zaragoza.  Parecía que hasta iba a desarbolarse todo su velamen.  Pero pasó la tormenta.  Y las nubes dejaron lugar a un cielo limpio, a un cielo con ese color de calma que es el azul.  Y los seguidores respiraron tranquilos. Y se sujetaron de nuevo los ánimos.  Y volvieron las risas.  Dos jornadas antes del final de la Liga, el Zaragoza tuvo en sus manos, ¿en sus pies?, la llave de la Liga.  Y el Atlético de Madrid, que acabó ganando la Liga, no pudo conseguir batirles en La Romareda (1-1), como tampoco lo había logrado en su nuevo y flamante estadio Manzanares (0-0).  Dieron los aragoneses con ello una nueva muestra de su hombría de Primera.  Y dio Luis Cid "Carriega", de nuevo, la sensación de un "mister" que sabe lo que tiene y a lo que atenerse. En la imagen vemos un momento de ese Zaragoza-Atlético de Madrid disputado en la penúltima jornada de Liga.  Nieves atrapa la pelota en presencia de Capón, Manolo González y Gárate.

El Real Zaragoza finalizó la Liga en 8ª posición con 34 puntos, 36 goles a favor y 36 en contra.  Sin duda no eran los números de las primeras jornadas, pero el equipo había superado con nota su vuelta a Primera División.  Y Carriega tuvo gran culpa del éxito.

Ante el comienzo de la nueva temporada (1973/74), Carriega se mostraba optimista en una  entrevista concedida al Semanario "As Color":

 "- ¿Este año? Tenemos que mejorar la campaña pasada. Esa es, al menos, la obligación que tenemos. Y a eso vamos a dedicarnos con todo nuestro empeño.

Luis Cid Carriega es, uno de esos hombres que saben de fútbol, que lo conocen a fondo, que lo viven apasionadamente. Ha dedicado a él gran parte de su vida y, desde hace unos años, está recogiendo los frutos de su labor. Luis Cid Carriega está entre los más cotizados entrenadores españoles del momento, y la mejor prueba que hay de ello es que nunca le faltaron, desde que se iniciara en esta escalada ya comentada, puertos en los que recalar.

Pero este año, Carriega, las cosas están más difíciles. Los equipos se han reforzado y no será fácil que esa larga serie de equipos no situados entre los grandes lleguen a cotas altas, ¿no?

La Liga siempre es difícil. Es el torneo de los problemas. Para unos, porque aspiran a lo mejor y tienen que intentar conseguirlo.  Para otros, porque escapar de las zonas de peligro es fundamental.

Hablemos del Zaragoza. ¿Cómo anda la plantilla?

- Nosotros hemos intentado conseguir refuerzos en aquellos puestos que consideramos vitales. Creo que en algunos casos lo hemos conseguido. Lo que ocurre es que no podemos competir con los precios astronómicos que se barajan en el mercado. De todas formas, la verdad es que tenemos una plantilla muy apañadita.

¿Para moverse con decoro en Primera?

- Bueno, yo creo que sí.

¿A qué aspira a en realidad el Zaragoza, Carriega?

- Buscamos un puesto honorable, lo más arriba que podamos.  Creo que estar entre los seis primeros ya sería una excelente clasificación.

- Con el antecedente de la pasada campaña....

- La temporada 72-73 es algo que no debe importarnos. Mejor dicho: es algo que no nos importa en absoluto. Ahora afrontamos un nuevo ciclo. ¿Más difícil? Yo soy de los que creen que todas las cosas son problemáticas de conseguir hasta que no se han logrado.  La Liga es uno de esos grandes obstáculos de que le hablo. Va a haber mucha competencia este año porque nadie ha querido quedarse atrás a la hora de incorporar gente de talla. Ahí tiene la lucha que han entablado los grandes con tal de no verse disminuidos con relación a sus rivales. Y ahí tiene, por ejemplo, los millones que se están gastando los dos equipos sevillanos, pese a estar metidos en Segunda División. La verdad es que alicientes no van a faltar esta temporada, porque hay muchos factores que van a mover el espectáculo. De un lado, los extranjeros y su presumible mejora para nuestro fútbol.  De otro, el ambiente que ya está al rojo vivo.

¿A propósito de los extranjeros...?

Yo soy partidario de la gente de calidad.

- ¿Y cree que todo lo que ha llegado tiene esa etiqueta?

- Posiblemente todo, no. Pero es indudable que muchos de esos hombres pueden resultarnos beneficiosos.

- ¿Por ejemplo?

- El Real Madrid ha fichado a Netzer y a Óscar Mas. Son dos formidables jugadores. Que cuajen o no ya es otra cosa. Pero, concretamente, a Netzer nadie puede discutirle su calidad de fenómeno a escala mundial. Es uno de esos jugadores que no abundan. Con esa base, lo que hay que esperar es que haga el fútbol que es capaz de concebir. Y eso será bueno. Como lo son los argentinos que han llegado, los yugoslavos, Cruyff, Keita.... En fin, creo que va a subir la calidad, aunque es más discutible creer que esa va a ser la solución a nuestro fútbol.

- Ya que hablamos de nuestro fútbol, apúnteme sus favoritos ligueros...

- Serán los de siempre más o menos. Atlético de Madrid, Real Madrid, Barcelona... Y en ese paquete habrá que meter también al Valencia, Málaga y algún otro en el capítulo de buenos colocados.

- ¿Y los maños?

No vamos a estar muy lejos de esas posiciones. Al menos, eso es lo que vamos a intentar.

- ¿Con cierto fundamento?

Yo soy un hombre optimista, pero que sabe calibrar las cosas.  Estoy convencido de que el Zaragoza tiene una plantilla aprovechable, ya se lo he dicho. Ahora bien, en un campeonato tan largo y con las dificultades que la Liga tiene, influyen muchos factores. Una mala salida puede ser decisiva. Y en sus dos aspectos. Te puede dar confianza o te puede restar ambición. Uno nunca sabe lo que puede pasar. La suerte es primordial. Una jugada en cualquier partido puede cambiar el futuro de un equipo. Qué se yo...

Luis Cid Carriega sabe, aunque trate de ampararse en su modestia, lo suyo de fútbol, porque no en vano ha recibido y dado miles de buenas lecciones. Quizá esa prudencia no sea más que el reflejo de la cautela que hay que tener cuando en la línea de salida se aprestan a "escapar" los que puedan tomar cualquier avance. Hace ahora poco más de un año, muy poco, ciertamente, fueron los aragoneses los que tomaron esa ventaja, apenas iniciada la Liga. Después las cosas cambiaron porque lógico era que así sucediera. Y al final, los maños ocuparon un puesto más que honroso, premio a un trabajo eficaz, de la mano de un hombre que aquilata, como siempre lo hizo, al detalle las artes de uno de los oficios difíciles que en el mundo hay. Que ser entrenador, con sus ventajas y defectos, está sujeto a mil avatares.

- La Liga será difícil para todos.

Y yo creo a Luis Cid Carriega."

Lo cierto es que Carriega se quedó corto en sus optimistas previsiones. La llegada de jugadores tan decisivos como "Cacho" Blanco, Pepe González y sobre todo de los paraguayos Adolfo Soto, Carlos "Lobo" Diarte o Saturnino Arrúa, le dieron un toque de calidad al equipo que finalizó la temporada en tercera posición con 40 puntos, tan solo superado por el F.C. Barcelona (50) y el Atlético de Madrid (42).

En la Copa del Generalísimo, el Real Zaragoza superó en los Octavos de Final al Real Murcia.  En el partido de ida se impusieron los murcianos por 3-1.  El partido de vuelta en La Romareda fue épico.  Un gol de Manolo González en el minuto 92 forzaba la prórroga (4-2).  En el tiempo extra, los murcianos, abatidos por ese postrero gol, encajaron otros tres goles para acabar sucumbiendo por 7-2, en lo que sería la mayor goleada cosechada por Carriega como entrenador zaragocista.

El rival que tocó en suerte en la ronda de Cuartos de Final fue el Atlético de Madrid, dirigido por el argentino Juan Carlos Lorenzo.  Los colchoneros se impusieron por 2-0 en el Manzanares con goles de Salcedo y Luis Aragonés.  En el partido de vuelta en La Romareda, no fueron suficientes los dos goles de penalti logrados por García Castany ya que Becerra marcó para el Atlético y eran los colchoneros los clasificados para las Semifinales.

En la temporada 1974/75, el Real Zaragoza, de la mano de Luis Cid Carriega, cosechó el mayor éxito de toda su historia en la competición doméstica al lograr el subcampeonato con 38 puntos, tan solo superado por el Real Madrid (50) que mostró un dominio aplastante durante la temporada.  También se estrenó Carriega en la competición continental, la Copa de la UEFA, en la que el Real Zaragoza alcanzó los Octavos de Final.  Tras deshacerse en la primera ronda del Vitoria de Setúbal portugués (1-1 en Portugal y 4-0 en La Romareda, el rival en dieciseisavos de final fue el Grasshoppers suizo.  El partido de ida, en Zúrich, finalizó con victoria del equipo helvético por 2-1, pero en el partido de vuelta, los chicos de Carriega pasaron por encima de los suizos a los que se impusieron por un contundente 5-0 con goles de Rubial (2), Soto, García Castany y el suizo Gross en propia meta.  Sin embargo nada se pudo hacer en octavos de final contra el potente Borussia de Moenchengladbach alemán.  Los teutotes se impusieron con contundencia en los dos partidos, 5-0 en Alemania y 2-4 en La Romareda. 

Una vez finalizada la Liga, se disputó la Copa del Generalísimo, donde el Real Zaragoza de Carriega alcanzó las Semifinales tras dejar en la cuneta al Celta de Vigo en Octavos de Final y al F.C. Barcelona en Cuartos. La semifinal contra el flamante campeón de Liga, el Real Madrid se saldó con un 2-2 en La Romareda en el partido de ida y un 2-1 para el Real Madrid en el Santiago Bernabéu que daba el pase a la final al conjunto merengue.

La temporada 1975/76 fue la última de Carriega como entrenador del Real Zaragoza.  Fue, sin duda, la peor de las cuatro temporadas del técnico gallego con el cuadro aragonés.  En Liga, el equipo finalizó en el puesto 14º con 30 puntos, tan solo 3 más que el Real Oviedo que marcó las posiciones de descenso.  Tampoco salieron bien las cosas en la Copa de la UEFA, donde el modesto equipo checo Inter de Bratislava sonrojaba a los blanquillos en la primera ronda tras endosarles un 5-0 demoledor.  El partido de vuelta en La Romareda tampoco sirvió como venganza ya que los checos volvieron a imponerse por 2-3. 

La única competición en la que salvo los muebles el Real Zaragoza en esta temporada fue la Copa del Generalísimo.  Tras superar en las primeras rondas al Ibiza, al Granada, al Tenerife y al Real Betis, el cuadro dirigido por Carriega se plantaba en la gran final que se disputó en el Santiago Bernabéu el 26 de junio de 1976 frente al Atlético de Madrid.  Un solitario gol de Gárate a los 26 minutos de partido, privó al Real Zaragoza del título.  En la imagen vemos la formación zaragocista con Carriega, en el que sería su último partido como entrenador zaragocista.

En resumen, se podría decir sobre Carriega, que fue uno de los mejores entrenadores de la historia del Real Zaragoza.  En mi modesta opinión fue el mejor, pero eso ya queda al gusto de los aficionados.  A pesar de que las estadísticas no le sitúen en lo más alto en lo que se refiere a porcentaje de victorias o de que no llegó a materializar su gran trabajo con la obtención de algún título, el gallego fue un hombre honesto, trabajador y con las ideas claras.  Fue el primer entrenador que yo recuerdo en el banquillo de La Romareda cuando todavía era demasiado joven para formarme una opinión válida, pero lo cierto es que consiguió inculcarme, con sus exhibiciones en La Romareda, una enfermedad de la que todavía no me he curado: el zaragocismo.